COLUMNISTA INVITADO/ Jonathan De Oleo Ramos

LA VIRGEN DE LA ALTAGRACIA Y LA IDENTIDAD NACIONAL DOMINICANA

Nuestra Señora de la Altagracia o Virgen de la Altagracia es una advocación mariana católica considerada «madre protectora y espiritual del pueblo dominicano». Su fiesta patronal es el 21 de enero, día festivo, no laborable en la República Dominicana, en el que los devotos concurren desde todo el territorio dominicano y el exterior a la Basílica de Higüey, en la provincia La Altagracia, al este del país. Historiadores dominicanos y extranjeros aseguran que a partir del 12 de mayo de 1502 la imagen de esta virgen fue llevada a una parroquia de la Villa de Salvaleón de Higüey, bajo la orden del obispo de Santo Domingo, García Padilla, ya que en esa época habían llegado a Higüey los hermanos Trejo: Alonso y Antonio, quienes habrían traído la imagen de la Virgen de la Altagracia al país, provenían de Extremadura de España. Fue en Extremadura, según cuenta la leyenda, que la Virgen le apareció a una pastorcilla encima de una peña.

Historiadores establecen que la fiesta oficial de Nuestra Señora de la Altagracia es el 21 de enero, ya que, ese día del año 1691, se llevó a cabo la Batalla de la Sabana Real en la parte este de la isla de Santo Domingo, donde el ejército español, encabezado por Antonio Miniel derrotó al ejército francés, con el apoyo de la Virgen.

El retrato de la virgen en la Basílica mide treinta y tres centímetros de ancho por cuarenta y cinco de alto, es una obra primitiva de la escuela española de Alejo Fernández, pintada entre el XV y XVI. Lleva los colores de la bandera Dominicana, su cabeza, enmarcada por un resplandor y doce estrellas, sostiene una corona dorada, añadida a la pintura original. El cuadro tiene 62 símbolos, muestra una escena de la natividad de Jesús y ha tenido cincos restauraciones en su historia, la última del año 1978, autorizada por las autoridades eclesiásticas

En la Religiosidad Popular Dominicana, a la virgen la sincretizan con Alailá, nombre de la diosa africana que honraban los esclavizados y sus descendientes en la isla cada 21 de enero, tomando la iconografía de Nuestra Señora de la Altagracia. Ya hemos establecido en otros escritos, que los esclavizados disfrazaban sus celebraciones ancestrales con manifestaciones sincréticas del catolicismo, con el único fin de mantener viva su religión y sus verdaderas creencias con las que se sentían cómodos, esas que trajeron desde sus pueblos originarios en sus imaginarios. Carlos Andújar, establece: «La mezcla de elementos católicos con africanos es una manera de expresar la religiosidad popular por medio de la música, la comida, las bebidas en los distintos rituales. La Iglesia no los asume, no los acepta, pero tiene que respetarlos o convivir con ellos, porque que pasa, tú los sacas a ellos, la Iglesia se queda vacía. La gente en los barrios organiza romerías el 21 de enero, pero si no les permite llevar ron y comida, no va nadie”.

En honor a la Virgen, los dominicanos y dominicanas son declarados por sus padres con el nombre de Altagracia, otros tienen el nombre de apodo o segundo nombre, llamados: Alta, Gracia, Tatica, Táta, Tatá, Tato, Tati, Tatiana, José Altagracita y Tatico. La celebración eucarística principal del 21 de enero en la Basílica de Higuey, se lleva a cabo con la presencia del Presidente de la República de turno, funcionarios, empresarios y el pueblo llano que desde toda la isla y del extranjero, llegan a cumplir promesas y hacer peticiones a la Virgen desde su casa principal en la basílica.

La Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, fue construida por los arquitectos franceses André-Jacques Dunoyer de Segonzac y Pierre, para reemplazar el antiguo santuario donde apareció La Altagracia, que data del 1572. Se comenzó a construir en el año 1954, por órdenes del primer Obispo de Higüey, Monseñor Juan Félix Pepén, durando 17 años su construcción. Desde Roma, fue bendecida la Basílica por el Papa Juan Pablo II y el 12 de octubre de 1992, en su segunda visita al país, el Papa coronó personalmente a la imagen de La Altagracia con una diadema de plata sobredorada, bendiciendo la Basílica y al pueblo dominicano. Hoy en día, es uno de los santuarios o templos religiosos del país y de Latinoamérica más visitado, no solo por los habitantes del país, sino también por muchos extranjeros. En la Basílica se encuentra la imagen de La Altagracia, primera evangelizadora de América y el Nuevo Mundo.

¡Que viva María de la Altagracia y viva el pueblo Dominicano!