COLUMNISTA INVITADO/Marino Báez

ADIÓS AMADO DICIEMBRE

Adiós mi amado diciembre, dijo Pablo con la curtiembre que destilaba su ropa. Esperaba que alguien le tendiera su mano para recibir el codiciado enero. Es un cambio que espero para salir del destierro que abate mi mente y se centra en mi psiquis medular, a lo que mi primo Pedro respondió, ¡sueña, Pablo que, soñar no cuesta nada!.
Era un sueño, al despertarme no quise cohibirme y me dije yo mismo: En el umbral de mi séptimo sentido pululan despavoridos los años, más experiencias, menos preocupaciones, menos «amigos», menos llamadas, muchos proyectos, menos personas tóxicas a mi alrededor, cavilo sigilosamente obviando la sinrazón de aquellos que no conocen el razonamiento, al finalizar diciembre he cultivado buenas relaciones con unos pocos; en fin, lo despido con menos presión y más tranquilidad.
Todo esto se resume en “felicidad”, la cual simplemente se anida en el centro de mi corazón. La razón se anida en mi mente para evadir la sinrazón del que con sentimiento efímero no sabe perdonar ni pedir perdón.
Un sembrador de sueños dijo una vez: «Cuando la esperanza y el éxito se centran en tu mente, las semillas producen frutos que se encarnan en el aprisco de tus objetivos, proyectados para convertirlos en realidades exitosas en este 2024, acuñado en sueños fructíferos”.
Ese sembrador de sueños era yo, sí yo, el séptimo hijo de la familia, nacido en el campo y educado en la ciudad, un reducto del destino que Dios puso en tu camino para cantar con optimismo “que viva la Navidad». Esa es mi felicidad.
Que la felicidad viva contigo en esta Navidad y que Dios te conceda la salud para que sigas cosechando virtudes y que puedas dar parte de lo mucho que te queda. Oh divino dador de sueños que cultiva con empeño para remozar con desdeño el néctar de lo divino que se centra en tu sentido con entrega y lealtad.
¿Qué deseo este 2024?, sencillo; que se refleje en ti la divinidad de Dios, soporte medular de nuestra estabilidad emocional; y que al llegar el nuevo año lo recibas preñado de felicidad.
¡Estamos de Puente!, recibiendo las contracciones de un nuevo año, a la espera de que los cambios se conviertan en el reducto de lo irreductible y que el éxito sea el norte de nuestras aspiraciones y objetivos para el 2024.
Entre esos objetivos que debemos anotar y colocarlos en un lugar visible como efecto de recordación están nuestras prioridades para ponerlas en ejecución luego de las vacaciones de Navidad.
Reencuentros con familiares y amigos, que además de aprovecharlos para meditar y recordar los acontecimientos positivos del pasado, es preciso detenernos y abrazarnos, darnos cariño y poner de manifiesto el perdón.
Este año ha sido bueno, pero el próximo será mucho mejor. ¿Por qué?, preguntarían algunos, sencillo, porque serán mayores las propuestas positivas que las negativas y nuestros proyectos terminarán como luces encendidas para mejorar continuamente.
Adiós mi amado diciembre, que este nuevo año que está por llegar sea estimulante y que el divino creador sea el soporte de todos los sueños proyectados para el 2024, sin que nadie se interponga, siempre con nuestra mente llena de optimismo para lograr el éxito.