Ecuador lucha contra la peor ola de violencia generada por el narcotráfico

Cuando el puerto más activo de Europa anunció hace poco el descubrimiento de casi nueve toneladas de cocaína ocultas en un cargamento de banano —su mayor incautación de narcóticos ilegales— divulgó un detalle que no causó sorpresa. El cargamento no procedía de Colombia ni de Perú, los mayores productores de cocaína de América Latina, sino de Ecuador, el pequeño país situado entre ambas naciones.

Durante años, Ecuador ha luchado contra el narcotráfico debido a su situación geográfica, sus fronteras muy fluidas y sus puertos importantes en el océano Pacífico.

Pero, en los últimos años, la situación ha empeorado.

Un sistema penal superpoblado, corrupto y mal financiado se ha convertido en el caldo de cultivo para las bandas de presos que han formado alianzas con poderosos cárteles de la droga del extranjero.

Estas características, que han contribuido a que Ecuador se convierta en un actor cada vez más importante en el tráfico mundial de drogas, desencadenaron una ola de violencia extraordinaria que ha transformado la vida de millones de ecuatorianos. Ahora el país ha llamado la atención internacional debido al asesinato de un candidato presidencial la semana pasada, mientras se organizan los preparativos para votar el domingo.

En repetidas ocasiones, el candidato Fernando Villavicencio había denunciado los vínculos entre las bandas de narcotraficantes y los funcionarios gubernamentales y políticos. Días antes de su asesinato había hablado públicamente de las amenazas que le había hecho un grupo criminal local.

Su asesinato ha conmocionado al país de 18 millones de habitantes, logrando que la seguridad sea una de las principales preocupaciones de los votantes y también ha hecho que muchos ecuatorianos se pregunten cómo es que su patria —que solía ser un oasis relativamente pacífico en una región turbulenta— se ha convertido en un campo de batalla y en un sitio donde un político puede ser asesinado a plena luz del día.

Ana Vera, de 44 años y ama de casa en Quito, la capital, dijo que la escalada de violencia la había convertido en una especie de reclusa. “Uno va de la casa al trabajo, y no más”, dijo.

En gran medida, las raíces de los problemas de Ecuador responden a las fluctuaciones del mercado de la droga y un gobierno mal equipado para manejarlo.

De hecho, la tasa de homicidios de Ecuador se redujo durante el mandato del expresidente Rafael Correa, quien gobernó entre 2007 y 2017, gracias al aumento de la vigilancia policial y al auge de las materias primas que ayudó a que millones de personas salieran de la pobreza.

Sin embargo, Correa también decidió en 2009 no prorrogar el contrato de arrendamiento de una base militar estadounidense en la ciudad portuaria de Manta, utilizada para el vuelo de aviones de interceptación de drogas, y cortó los lazos con la agencia internacional antidroga del Departamento de Estado estadounidense. Resumen: The New York Times.