El nuevo presidente Milei prepara a Argentina para un doloroso ajuste

No fue el discurso inaugural más alentador. Más bien, el nuevo presidente de Argentina, Javier Milei, presentó cifras para dejar al descubierto el alcance de la “emergencia” económica del país y trató de preparar al público para un ajuste de choque con drásticos recortes del gasto público.

Milei dijo en su discurso ante miles de simpatizantes en la capital, Buenos Aires, que el país no tiene tiempo para considerar otras alternativas.

“No tenemos margen para discusiones estériles. Nuestro país exige acción, y acción inmediata”, afirmó. “La clase política dejó al país al borde de la mayor crisis de su historia. No deseamos las decisiones difíciles que habrá que tomar en las próximas semanas, pero lamentablemente no nos dejaron ninguna opción”.

La segunda economía más grande de América del Sur está sufriendo una inflación anual del 143%, la moneda se ha desplomado y cuatro de cada 10 argentinos están empobrecidos. La nación tiene un enorme déficit fiscal, un déficit comercial de 43,000 millones de dólares, además de una enorme deuda de 45,000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional, de los cuales 10,600 millones de dólares se deben a los acreedores multilaterales y privados en abril.

“No hay dinero”, es el estribillo común de Milei. Lo repitió el domingo para explicar por qué no era posible un enfoque gradualista de la situación, que requeriría financiación.

Pero prometió que el ajuste afectaría casi por completo al Estado y no al sector privado, y que representaba el primer paso hacia la recuperación de la prosperidad.

Milei, un economista de 53 años, saltó a la fama en la televisión con diatribas cargadas de malas palabras contra lo que él llamaba la casta política. Aprovechó su popularidad para conseguir un escaño en el Congreso y luego, con la misma rapidez, una candidatura presidencial. La abrumadora victoria del autoproclamado “anarcocapitalista” en las primarias de agosto provocó ondas de choque en el panorama político y trastocó la carrera.

Los argentinos desilusionados con el status quo económico se mostraron receptivos a las ideas extravagantes de un forastero para remediar sus males y transformar la nación. Ganó decisivamente la segunda vuelta de las elecciones del 19 de noviembre y despachó a la fuerza política peronista que dominó Argentina durante décadas. Aun así, es probable que encuentre una feroz oposición de los legisladores del movimiento peronista y de los sindicatos que éste controla, cuyos miembros han dicho que se niegan a perder salarios.

Más temprano el domingo, Milei prestó juramento dentro del edificio del Congreso Nacional y el presidente saliente, Alberto Fernández, le colocó la banda presidencial. Algunos de los legisladores reunidos corearon “¡Libertad!”.

Mientras Milei asume el cargo, la nación se pregunta qué versión de él gobernará: el cruzado antisistema de la campaña electoral que empuña una motosierra, o el presidente electo más moderado que surgió en las últimas semanas.

Como candidato, Milei prometió purgar la corrupción del establishment político, eliminar el Banco Central al que ha acusado de imprimir dinero y alimentar la inflación, y reemplazar el peso, que se deprecia rápidamente, por el dólar estadounidense.

Pero después de ganar, nombró a Luis Caputo, ex presidente del Banco Central, para que fuera su ministro de Economía y uno de los aliados de Caputo para dirigir el banco, pareciendo haber dejado en suspenso sus tan promocionados planes de dolarización.

Milei se había presentado como un guerrero dispuesto contra el avance del socialismo global, muy parecido al expresidente estadounidense Donald Trump, a quien admira abiertamente. Pero cuando Milei viajó a Estados Unidos la semana pasada, no visitó Mar-a-Lago; más bien, almorzó con otro exlíder estadounidense, Bill Clinton.