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Los ‘ruferitos’: el creciente problema de los niños techadores en EE. UU.

The New York Times habló con más de 100 niños techadores que trabajan en casi dos decenas de estados, incluyendo algunos que empezaron cuando iban a la primaria. Se levantan antes del amanecer para que los lleven a lugares de trabajo lejanos, a veces a través de fronteras estatales. Cargan con pesados paquetes de tejas que les hacen temblar los brazos. Trabajan bajo olas de calor en tejados de alquitrán negro que les abrasan las manos.

El aumento de niños tecdores se produce en un momento en que los jóvenes cruzan solos la frontera sur en cantidades récord. Casi 400.000 niños han llegado a Estados Unidos desde 2021 sin sus padres, y la mayoría termina trabajando, como ha informado The New York Times en una serie de artículos este año.

El trabajo más común para estos niños es el trabajo clandestino en techado y construcción, según maestros, trabajadores sociales, organizadores laborales e investigadores federales. El trabajo de techador es abundante y mejor pagado que muchos de los otros empleos que pueden conseguir estos niños.

En Nueva Orleans, Juan Nasario aseguró que había estado reemplazando tejados durante turnos de 12 horas casi todos los días desde que llegó de Guatemala hace cuatro años, cuando tenía 10 años. Le gustaría ir a la escuela o al menos apuntarse a un equipo de fútbol, pero tiene que pagar la renta a su primo mayor.

En Dallas, Diego Osbaldo Hernández comenzó a trabajar como techador a los 15 años, tras llegar a Estados Unidos desde México el año pasado para vivir con un amigo mayor.

Sus trabajos lo llevan por todo Texas, pero su lugar favorito es San Antonio. “Son las casas más bajitas”, afirmó.

El gobierno federal se comprometió a tomar medidas enérgicas contra el trabajo infantil este año. Pero la mano de obra sigue creciendo tan rápido como llegan los niños, preocupados por encontrar una forma de mantenerse y ayudar a sus familias a salir de la pobreza.

En Honduras, Antoni vivía con sus cuatro hermanos en una casa de una sola habitación sin electricidad. Ha trabajado desde pequeño, llevando comida a trabajadores del campo.

Llegó a EE. UU. En 2021 y se unió a una cuadrilla de techadores. Grabó videos como este para mostrarle a su familia las pronunciadas caídas con las que lidiaba.

El trabajo de techador le dejó poco tiempo libre a Antoni, pero sus ingresos cubrían el alojamiento y la comida en la casa de un tío cerca de Myrtle Beach, y empezó a enviar dinero a casa.

En la primavera del año pasado, Antoni estaba trabajando en esta casa de playa.

Estaba retrocediendo mientras recogía tejas, cuando resbaló y cayó casi 10 metros. Se estrelló contra este patio de cemento.

En el hospital, Antoni estuvo en coma, con un traumatismo cerebral grave y un tubo de respiración en el cuello. Tenía el cráneo fracturado, un pulmón perforado y hemorragias internas por todo el cuerpo. Su familia en Honduras se despidió por el altavoz del teléfono.

“Se prevé un pronóstico muy desfavorable”, escribió su cirujano.

Pero al cabo de tres meses despertó y los médicos le dijeron que podía irse. Ningún centro de rehabilitación lo aceptaba sin seguro médico. Incapaz de hablar o mantenerse en pie, regresó a la casa rodante que había estado compartiendo con la familia de su tío. Allí permaneció varios meses.

Los niños que trabajan en la construcción tienen seis veces más probabilidades de morir que los menores que realizan otros trabajos, según el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional. La construcción de tejados es especialmente riesgosa; Según muestran los estudios, es el trabajo más peligroso para los menores, aparte de los trabajos agrícolas.

Organizadores sindicales y trabajadores sociales afirman que, en los últimos años, cada vez son más los niños inmigrantes que sufren lesiones graves en las cuadrillas de techadores.

Un joven de 16 años se cayó de un tejado en Arkansas y se destrozó la espalda. En Florida, un joven de 15 años sufrió quemaduras al resbalar de un tejado y caer sobre un contenedor de alquitrán caliente. Un niño de Illinois atravesó una claraboya y se fracturó la columna vertebral.

Incluso las caídas que no terminan en lesiones graves provocan una sensación de pavor en algunos trabajadores jóvenes. Cristian Marcos ha estado trabajando en casas multimillonarias en el área de Miami desde que llegó de Guatemala en 2021, cuando tenía 12 años. Una vez se cayó de un segundo piso mientras instalaba un techo y solo obtuvo algunos más tonos. Durante una pausa para el almuerzo, Marcos afirmó que tras una caída es posible salir ileso o muerto.

Terry Coonan, que dirige un centro de derechos humanos en la Universidad Estatal de Florida, se encuentra a menudo con niños que han sido abandonados por sus compañeros. Un chico centroamericano de 15 años que había estado viajando por todo el país con un jefe de cuadrilla fue abandonado el año pasado tras resultar herido en una obra. Lo encontraron solo y llorando en una zanja.

“Ya no les servía”, comentó Coonan.

Juan Ortiz, de 15 años, estaba instalando techos de metal en una planta en Alabama en 2019 cuando pasó este parche de aislamiento. Ortiz cayó hacia un piso de concreto.

Tras su muerte, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA, por su sigla en inglés) descubrió que el empleador tenía “nueve obreros en la cuadrilla, pero solo seis arneses”.

Andrés Toma, de 16 años, no llevaba puesto el arnés cuando cayó y murió el pasado abril mientras sustituía este tejado en Florida. “Este incidente pudo haber sido evitado”, escribió la OSHA.

Toma ganaba 70 dólares al día. Su hermana mayor dijo que la familia no sabía que se dedicaba a la construcción de tejados, “solo dijo que encontró un buen trabajo donde le pagaban bien”.

Crisanto Campos, de 17 años, se electrocutó el año pasado mientras subía un pálido de tejas a este tejado en Luisiana. Era la primera vez que manejaba una carretilla elevadora.

Según el informe de la OSHA, otro trabajador había sobrevivido a un accidente similar el día anterior.

Cada año mueren en el trabajo cerca de 100 techadores, la mayoría por caídas, según el Departamento de Trabajo. El gobierno no publica datos sobre lesiones o muertes de niños techadores, una categoría de trabajadores que se supone que no existe.

Algunos jefes de cuadrilla comprenden el riesgo que corren sus trabajadores jóvenes y mantienen a los niños recién contratados en el suelo, recogiendo tejas desechadas y subiendo bolsas con tejas nuevas a las escaleras.

Pero existe un poderoso incentivo para subirse al tejado: colocar tejas paga más del doble de lo que ganan los ayudantes.

Cuando se suben a los tejados, contaron algunos niños, a menudo trabajan sin arneses ni capacitación de seguridad. Algunas dependencias de cuerdas colgantes para mantener el equilibrio. Otros describieron las dificultades para mantener mientras transportaban bolsas de tejas.

“Uno es fácil”, dijo Miguel Santos, quien comenzó este trabajo en Nueva Orleans a los 16 años. “Pero dos es bien pesado”.

Cuando estos niños resultan heridos, los contratistas a menudo se niegan a pagar las facturas médicas.

Las familias de los jóvenes trabajadores que mueren enfrentan otro desafío: encontrar el dinero para llevar el cuerpo de su hijo a casa para velarlo y enterrarlo.

Un joven hondureño de 16 años pasó septiembre trabajando con esta cuadrilla en Carolina del Sur.

Itzel Sánchez, la jefa de cuadrilla, afirma que contrata a trabajadores menores de edad porque no le gusta rechazar a niños con necesidades.

Además, es mucho más barato contratarlos.

Sánchez dice que los cascos y los arneses son demasiado engorrosos. Si oye que recibirán una visita de inspectores, la cuadrilla corre a buscar los equipos en el remolque.

Los niños encuentran empleos de techadores a través de las iglesias, en grupos de Facebook y en lugares de obras de construcción, donde trabajadores de todas las edades se reúnen por las mañanas con la esperanza de ser elegidos para un empleo. A veces dicen que son mayores de 18 años, pero los subcontratistas rara vez les piden que lo demuestren.

Sánchez afirma que no le preocupa meterse en problemas por contratar a menores. Dice que los inspectores de trabajo no suelen pasar por allí. Dijo que solo visitan ciertos vecindarios y que en ocasiones notifican cuando van a hacer una visita.

Sánchez y otros subcontratistas dijeron que han tenido que recurrir a los niños porque no hay suficientes adultos dispuestos a hacer este trabajo. Los expertos de la industria de techados dicen que las empresas han tenido problemas con la escasez de mano de obra causada en parte por el auge de la construcción residencial en todo el sur y un aumento de huracanes y otros desastres naturales.

El Times descubrió niños remplazando techos de grandes tiendas, edificios de propiedad gubernamental y viviendas universitarias, así como de hogares privados. Algunos trabajaban para jefes que habían llegado al país como niños no acompañados no hace mucho tiempo.

El Departamento de Trabajo, encargado de hacer cumplir las leyes federales sobre trabajo infantil, no ha logrado adaptarse a los cambios en la industria. En la última década, el departamento ha llevado en promedio siete casos al año, imponiendo menos de 6000 dólares de multa por caso.

Mediante un comunicado, el departamento señaló que contaba con 731 investigadores que supervisaban 11 millones de lugares de trabajo. Jessica Looman, administradora de la división de salarios y horas del departamento, señaló que el departamento estaba solicitando más fondos al Congreso para proteger a los niños migrantes.

“Historias como las que estamos viendo entre los techadores y en muchas otras industrias son exactamente la razón por la que hemos intensificado nuestra aplicación de la legislación sobre trabajo infantil”, explicó Looman.

En la pequeña ciudad de Homestead, Florida, el Times habló con 20 niños inmigrantes tecadores, algunos de tan solo 13 años, en sitios de obras de construcción.

No muy lejos de allí, Ileana Bachelier, investigadora de carrera del Departamento de Trabajo, asistió a un evento comunitario de Homestead. Dijo que respondía a todas las quejas sobre trabajo infantil, pero que no tenía tiempo de investigar casos de techado por su cuenta sin una denuncia formal. “No voy a convertir en mi deber el salir a buscarlo”, dijo. Desde entonces, Bachelier dejó el departamento.

Los investigadores han impuesto solo una multa por trabajo infantil en la construcción de techos en el sur de Florida durante los últimos 15 años, por aproximadamente 13.000 dólares en 2017, según una base de datos del Departamento de Trabajo.

Incluso cuando la OSHA responde a accidentes donde niños inmigrantes mueren o quedan mutilados, el Times descubrió que los inspectores a veces no siguen la política y no alertan a los investigadores del trabajo infantil. Otras veces, los investigadores abren casos, pero luego los abandonan.

A raíz de las preguntas del Times, el departamento está revisando varios casos, incluidos dos en los que hubo decesos. Ninguna de las muertes presentadas en este reportaje ha dado lugar a multas por trabajo infantil.

Unos cinco meses después de su caída, Antoni testificó en un caso de compensación laboral. Se le pidió que levantara la mano derecha y jurara decir la verdad.

Antoni no pudo levantar el brazo y le costó comprender las preguntas básicas.

Antoni no recordaba en qué estado se encontraba ni el nombre de su padre. Sus lesiones cerebrales han afectado gravemente su memoria y su habla.

Tiene problemas para vestirse y no puede tenerse bien en pie.

Pero para Antoni sigue siendo importante ayudar a su familia. Intenta comer por sí solo y lava los platos de la familia, apoyándolos contra su pecho para ponerlos a secar.

En cuanto Antoni recuperó parte del habla, empezó a preguntar cuándo podría volver a Honduras para ver a sus padres.

Era probable que tuviera derecho a una indemnización por accidente laboral, pero la empresa contratada para realizar el trabajo de techado lo había subcontratado a otra empresa más pequeña, que a su vez lo subcontrató. Los tres contratistas pasaron un año discutiendo quién debía ser considerado responsable. Están en proceso de llegar a un acuerdo, pero no está claro cómo podrá mantener su familia en Honduras. Viven a horas del tipo de atención médica que necesita.

Los investigadores laborales estatales citaron a una de las empresas por violar las leyes sobre trabajo infantil. La multa fue de 500 dólares.

Por ahora, Antoni vive en la misma casa rodante. Su tío murió en un accidente de tránsito esta primavera mientras conducía para conseguir el medicamento anticonvulsivo de Antoni, por lo que ahora depende de su tía para necesidades tan básicas como bajar los escalones de la entrada.

Sus padres comparten la esperanza de que su hijo regrese de Carolina del Sur, pero les ha costado hacerle entender que tiene que quedarse aquí hasta que sepa cómo van a cuidarlo.

Le hablan dos veces al día y Antoni cuenta las horas que faltan para que lo llamen. Sonríe y se ríe cuando habla con ellos, y habla con destellos del vivaz niño que solía ser. En una llamada reciente, su padre le reiteró lo mucho que lo extrañan, pero que tenía que esperar un poco antes de poder volverse a ver.

Antoni suele pasar sus días sentado en su cama, viendo videos de TikTok publicados por otros niños techadores: la vasta roja de “ruferitos” que capturan la vista desde enclenques escaleras y tejados de todo el país.

Una tarde reciente, sonriendo mientras miraba su teléfono. “Así era”, dijo. Escuchó las canciones sobre viajar a Estados Unidos en busca de una vida mejor, las selfies con pronunciadas caídas de fondo, los emojis de banderas de Guatemala y Honduras. Le recordaron aquello a lo que más se aferra cuando el resto de sus recuerdos son difíciles de evocar. “Solía enviar a casa 300 dólares al mes”, dijo.

Fuente: The New York Times.

Reporteros: Hannah Dreier, Brent McDonald, Annie Correal, Nicole Salazar, Carson Kessler

Producido por Gray Beltran