PUNTEO/ Por Luis L. Peralta

POR UN DISTRITO ESCOLAR FUERTE Y CON VOZ PROPIA

Cuando en marzo de 2022 Providence entraba en la efervescencia de la campaña electoral por la candidatura demócrata a la alcaldía de la ciudad, Gary Sasse, director del «Hassenfeld Institute for Public Leadership» en Bryan University, declaró en carta «abierta» que Providence necesita un alcalde o alcaldesa pro-educación (pública).  Para entonces los aspirantes más visibles eran Gonzalo Cuervo, Brett Smiley, Michael Solomon, y Nirva LaFortune.

La misiva iniciaba diciendo que el retorno de la administración de las escuelas de la ciudad debía ser el «trabajo número uno» de quien resultara ganador o ganadora de la alcaldía.  Pero el regreso administrativo del distrito escolar, en vez de aproximarse, se alejó; a pedido de la Comisionada de Educación de Rhode Island, y la benevolencia de la Legislatura del estado.

La idea de Sasse me pareció sorprendente, porque muy pocos individuos de poder e influencia han ocupado mente y tiempo en buscar la fortaleza del distrito de escuelas de Providence, en vez de debilitarlo, o destruirlo.  Su sugerencia me fascinó, aún repaso en mi memoria sus puntos de vista, incluyendo su idea de tener un alcalde pro-educación, pues no recuerdo haber conocido un alcalde que haya sido pro-educación, con excepción de los esfuerzos incompletos del exalcalde David Cicilline.

En 2019 mientras crecían los esfuerzos por el control estatal de las escuelas públicas de Providence bajo la administración de la ex gobernadora Gina Raimondo, el silencio de los actores de interés a nivel local fue visceral.  Para entonces había sido publicado un reporte devastador producido por la Universidad John Hopkins, que no hizo más que poner palabras a la pobreza académica acumulada por años y años, promesa tras promesa, superintendencia escolar tras superintendencia escolar, alcalde tras alcalde, gobernador tras gobernador, comisionado tras comisionado.

En 2020 el estado asumió control de la administración del Distrito de Escuelas de Providence.  El mismo estado que por décadas ha sido incapaz de transformar el otro distrito que administra, con menos de 3 mil estudiantes, más de 5 veces más pequeño que el sistema escolar de Providence.  La Alcaldía, el Concejo de la ciudad, y la Junta de Escuelas, silenciaron sus voces, y relegaron su autoridad.  Los mismos órganos de gobierno local que han sido incapaces de generar confianza y motivar la creación de liderazgo interno, en vez de interferir.  «Direliction of Duty», el título del libro del General(r) H.R. McMaster, es la mejor definición del fracaso de Providence en el ejercicio de su autoridad.

Pero como soy un ser de esperanza y optimismo, como los poetas; sigo en espera de un día ver un distrito fuerte, con liderazgo interno y con voz propia; para lo cual no caería mal que nos topemos un día con un alcalde o alcaldesa pro-educación, aunque pienso que es difícil hallar a alguien que una vez llegue a la alcaldía se preocupe más por la educación de los niños, y por el fortalecimiento de las escuelas públicas, que por acumular dinero de campaña, y poder.