REVISTA DE SALUD/ Dr. Pablo Rodriguez

 EL DETERIORO COGNITIVO Y LA DEMENCIA

La vida es un viaje en el que la mente guía experiencias, almacena recuerdos y nutre la sabiduría. Sin embargo, el proceso natural del envejecimiento puede llevar consigo alteraciones en la cognición, impactando la manera en que las personas piensan, recuerdan y se comportan. El deterioro cognitivo y la demencia son temas de gran importancia en la sociedad actual. A través de este artículo, exploraremos sus características y cómo afectan la capacidad personal.

El término «deterioro cognitivo» describe cualquier condición que afecta negativamente las funciones cognitivas del cerebro. Estas funciones incluyen el procesamiento de la información, la memoria, el lenguaje, el juicio y la habilidad para aprender cosas nuevas. A medida que envejecemos, estas capacidades pueden disminuir gradualmente. En sus etapas leves, el deterioro cognitivo puede manifestarse como olvidos simples o dificultad para concentrarse. Para muchos, estos cambios son apenas perceptibles y no interfieren con sus actividades diarias.

No obstante, cuando el declive cognitivo avanza, las implicaciones pueden ser más graves y dar lugar a dificultades con tareas cotidianas tales como pagar las cuentas, recordar citas o incluso reconocer caras familiares. Es fundamental distinguir entre los olvidos benignos asociados a la edad y los síntomas más pronunciados del deterioro cognitivo que requieren atención médica.

La demencia es el resultado de una variedad de enfermedades y lesiones cerebrales, siendo la enfermedad de Alzheimer la causa más común. Esta condición se caracteriza por un declive continuo en las habilidades cognitivas que impacta de manera significativa la independencia de la persona. La demencia no es una parte normal del envejecimiento, sino una patología que requiere un entendimiento compasivo y una gestión integral.

Los signos tempranos de la demencia pueden incluir confusión, pérdida de memoria a corto plazo, dificultades en la toma de decisiones y cambios en el comportamiento y el estado de ánimo. A medida que la enfermedad progresa, los afectados pueden experimentar una disminución en su capacidad para comunicarse, razonar y atender sus necesidades básicas, llegando a depender completamente del soporte de otros.

El deterioro cognitivo y la demencia pueden ser influenciados por factores genéticos, ambientales y de estilo de vida. Entre ellos se encuentran la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, la obesidad, la falta de ejercicio físico y mental, y la dieta pobre en nutrientes. Mantener un estilo de vida saludable no solo mejora la calidad de vida general, sino que también puede ayudar a retrasar o prevenir el deterioro cognitivo.

La actividad cerebral regular, como la lectura, los juegos de estrategia y el aprendizaje de habilidades nuevas, junto con la interacción social, se asocian con una menor probabilidad de experimentar un declive cognitivo severo. Del mismo modo, una dieta equilibrada y la actividad física regular son esenciales para mantener el cerebro y el cuerpo en condiciones óptimas, disminuyendo así el riesgo al que todos somos expuestos.

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